Una mujer que deja huellas

 Les presento a Matilde Ontiveros, la primera mujer guardavidas de la Argentina.  Bella experiencia entrevistar a esta dama que, si bien pionera en lo suyo, deslumbra más por el coraje con que determinó el rumbo de su vida, desde muy niña.  Los invito a conocerla.  Gracias Matilde por compartirnos su historia.

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Contar que conocí a Matilde comprando flores en un escaparate de la Avenida Mitre, en la Ciudad de Avellaneda, seguro pueda parecer sólo un detalle; pero lo menciono porque, en ese lugar, “causalmente”, al instante, la adoré.  Desde ya me impactó saber quién era -el vendedor me la presentó con orgullo sincero-, pero más aún la naturalidad con la que ella se refirió a esa época de su vida; creí en ese momento -y luego lo comprobé en la entrevista-, que Matilde Ontiveros, portadora de semejante título: Primera Mujer Guardavidas de la Argentina, tenía la “famosa humildad de los grandes”, y una fortaleza -me arriesgo a decir- ajena a su dominio.

Destacada en los medios de la época. Belleza y profesionalismo.

Destacada en los medios de la época. Belleza y profesionalismo.

Combinar la entrevista fue sencillo, es que Matilde está acostumbrada a salir en los medios desde muy niña, época en la que ganó varios Campeonatos de Natación para el club Independiente.  Por aquellos años su nombre se leía en los diarios y en las revistas deportivas.  “Fama”, ésta, que resurgió cuando se convirtió en la pionera guardavidas del país, en las playas de Villa Gesell, capturando nuevamente la atención del periodismo; hasta incluso el año pasado, cuando la nombraron Ciudadana Ilustre de esa ciudad balnearia.

La “historia oficial” versa que en 1972, a sus 32 años, la vida la sorprendió con un curso de La Cruz Roja, en el que, sin proponérselo, se convirtió en Guardavidas, la primera mujer en el rubro. “Yo no tuve la intención de hacer el curso, me metieron en el brete y viste como el dicho: ya que estás acá, bailá -cuenta, divertida-.    Yo vivía en Gesell y tenía un negocio -rememora-;  un dia, un muchacho pone un cartel y leo que dá clases de natación en su pileta particular, y me cuenta que también dá cursos de guardavidas.  En la charla nos reconocimos y resultó que habíamos nadado para el mismo club, en nuestra infancia.  Así fue que comenzó a insistirme para que hiciera el curso de guardavidas; y lo hice, pero por hacer.  Yo era la única mujer, y grande, mis compañeros eran jovencitos de no más de 20 años.  Resultó que en el examen salí primera en  práctico y teórico, entonces  la municipalidad me asignó un balneario y, sin darme cuenta, ahi estaba de guardavidas”

Matilde niña (a la izquierda), en uno de sus campeonatos

Matilde niña (a la izquierda), en uno de sus campeonatos

La “historia oficial” cuenta, además, que Matilde  Ontiveros fue una niña nadadora, desde sus 8 – 9 años.  Y que ganó varios Torneos en Estilo Mariposa para el club Independiente  “Cuando fui a ver el primer torneo de natación yo miraba todo y no me perdía detalle.  Vi que en crol había muchos -era como para ganarle a muchos, viste-, en espalda…… no había tantos, en pecho…… un poco menos, y en mariposa ¡poquitísimos!; así que por él me decidí.  Me empezaron a entrenar, yo hacía todo lo que me decían; y a los dos meses ya estaba compitiendo”.         

Y también, que cuando tenía 15 años fue seleccionada para participar en los Sudamericanos de Brasil, pero los dejaron fuera por decisiones organizativas.  “Yo estaba entusiasmadísima, imaginate, iba a representar al país -enfatiza-; iba a viajar en avión por primera vez, pero llega un comunicado diciendo que (…) los nadadores no íbamos.  Ahhhhh que ataque de odio que me agarré!!!  Digo: pero cómo puede ser!!! me entreno como loca, nado a la mañana, nado a la tarde -nadaba 5000 metros por día yo- para que un boludo venga y diga: los nadadores no!!!.  Me había enojado tanto que dejé todo y me fui a La Pampa a pasar el verano a lo de mi abuela, y ya decidí no volver a competir”.

Va trascurriendo la charla, y es fácil percibir el entusiasmo de esa niña reflejado aún hoy en los ojos de esta mujer. “Cuando me hacía la rabona en el colegio -cuenta, animada-, me iba al club a nadar; llevaba una malla de carrera que la podía hacer un bollo así -gesticula, apretando el puño- en la mano.  Otra chica se va a ver vidrieras, yo nadaba toda la mañana”

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 El encuentro es en un bar cercano al club donde obtuvo sus logros como nadadora.   Hay mucha gente, pero ella se destaca.  Les diré.   Matilde es una mujer imponente, atractiva; con su caballo blanco, su bastón “atento”, sus labios deliberadamente rojos e intensos, su sonrisa franca y juvenil.   Ya lo había notado aquella primera vez -cuando la conocí-, y ahora lo celebro, a la Negra -apodo de toda su vida- no le es complicado abrirse y hablar; quienes conocen de horóspoco, estoy segura, aludirían su sociabilidad a su signo de géminis.

"Yo soy tranquila, pero consecuente"

“Yo soy tranquila, pero consecuente”

Y así dispuesta a contar, a sus 77 años, “suelta” su lado trascendental.  Es que aquella niña que con tanto énfasis se deslizaba por el agua, perseguía el único fin de que su padre, que se había ido, la viera en los diarios y fuera a buscarla.   “Mirá como sería el amor que yo sentía por mi papá – analiza- que tramé el plan yo solita en mi mente, porque no lo hablaba con nadie.  Comenzó de la nada.  Un día, yo estaba en segundo grado, aparece una compañerita, Gladys, y me muestra el recorte de un diario en el que había salido por competir en natación; entonces yo pensé: si voy a nadar y salgo en los diarios mi papá por ahi me lee y me viene a buscar.  Por ese motivo fui a nadar, y me esforzé tanto.   Y cómo mi papá había sido boxeador, campeón de Córdoba, pensé que seguramente iba a leer la sección deportes.  Y entonces -continúa- ¿cómo iba a llegar más rápido al diario? compitiendo en estilo mariposa, porque no había tantos oponentes por vencer.  Mirá vos -se asombra, del ingenio de “su niña”- todo eso en mi cabeza, y yo no lo hablaba con nadie “.

–  Imagino, entonces, que estaría siempre atenta esperando que su padre aparezca?

– Siiiiii, siiiiiii. Yo esperaba, esperaba, pero mi papá nunca apareció.

– Nunca lo buscó?                                                                   

– No.  Yo quería darle pistas para que él fuera por mí.  Porque si yo me largaba a buscarlo, y lo encontraba, y de repente él había formado una nueva familia, y no había dicho nada de su familia anterior, le iba a complicar la vida y en vez de una caricia me iba a ganar un odio; entonces preferí no.  Y sali, salí en los diarios, en las revistas, en el Mundo Deportivo, en el Gráfico; y yo esperaba…… esperaba……..

– Y su mamá?

– Mi mamá se había vuelto a casar, y cuando cumplí nueve años nació mi hermanito.   Ella trabajaba, era modista fina.  Yo no lo hablaba con ella, no le preguntaba sobre mi papá.  Bueno, la verdad, por aquellos años yo creí odiarla, porque pensaba que me había separado de él.   Sólo fue algo de mi niñez; siempre fuimos muy unidas, incluso cuando viví en Gesell, estábamos en contacto y nos veíamos seguido.

No hay rencor en sus palabras.  Los recuerdos que se suponen debieran ser dolorosos, para ella no lo son.  Y aquella personita decidida, desafiante, inevitablemente, forjó una mujer de temple que cuando la vida golpeó con dureza supo reponerse, y que no dudó en abrirse camino en un mundo netamente masculino, como era el de los guardavidas.

 Y así, la “historia oficial” de la que dábamos cuenta al principio de la entrevista, ya deja lugar, por completo, a la historia real, la que solo le pertenece al alma; y sinceramente, la que a mí me conmueve de este hermoso personaje que es Matilde, la Negra“Si, ya sé lo que estás pensando -me increpa, con tono pícaro-, cómo es que a esta mujer siempre le dijeron Negra si es blanca como el algodón?.  Es que yo era negra, bien negrita -se contesta, riendo-, por eso el apodo. Lo que ocurrió fué que enfermé de vitiligo, y en mi caso no son manchas blancas si no una graaaan mancha blanca, toda yo.  Y te cuento, por eso abandoné la playa y volví a Buenos Aires; porque tenía que estar toda cubierta, con mangas largas, sombrero, pantalla solar constantemente; un lio”.

Matilde Ontiveros galardonada por su trayectoria como guardavidas.

Matilde Ontiveros galardonada por su trayectoria como guardavidas.

Es interesante y divertido escucharla desandar sus pasos.  Lejos está de ser monocorde; en sus relatos hay signos de interrogación, de asombro, de exaltación.   Tiene el tono de voz  juvenil, igual que su manera de expresarse.   Siempre acompañando, su mirada entre dulce y desafiante.

Y las causalidades iban a seguir cumpliendo con su tarea en la vida de esta dama.   Digamos que, si por querer recuperar a su padre se convirtió en Campeona Juvenil de Natación, por otro hombre importante de su vida, su marido, se convirtió en Guardavidas.    Versa la “historia del alma” que con unos pocos años de matrimonio y dos hijos pequeños, cansada del maltrato de su esposo, Matilde, a sus 30 años, por el año 1968, decidió divorciarse y tomar  distancia de ese hombre  abusivo.    El lugar elegido fue Villa Gesell.    Allí se encaminó decidida -claro, no podía de ser de otra manera-, junto a sus dos niños, a empezar una nueva vida, de cero, cómo fuera; así que con sus ahorros instaló  un negocio (que, capítulo aparte, fue el primero en tener juegos electrónicos; situación por la que era mal vista por el mismísimo Carlos Gesell -fundador de la ciudad-, que detestaba el juego “Él andaba preguntando -recuerda- si yo era una mujer de la vida!!!!”).

Pero nada la detuvo.  Y fue en ese negocio que se reencontró con el colega que la presionó para hacer el curso de guardavidas.   “Me empezó a insistir -cuenta- para que hiciese el curso.  Yo le decía: nooo, yo no, para qué? yo ya estoy vieja, tenía 30 años -sonrie-.  Y me convenció diciéndome: vos tenés dos hijos chiquitos y el mar al lado; si uno de tus hijos está en problemas en el mar, sabés cómo sacarlo? no, le dije, con los dientes, pero que lo saco lo saco; pero claro no sabría como reanimarlo, y ahi me convenció.  Hice el curso; y cuando llegó el examen final, viajó una comitiva de la Cruz Roja,de Buenos Aires, para ver a esa mina que dice que sabe nadar -se rie-.  Salí primera en el examen, y me dieron un balneario”.

Así continuó su vida, siendo la única en ese ámbito varonil de los guardavidas, pero ella lo tomaba con naturalidad.  Matilde -creo no equivocarme- no es consciente de la trascendencia de su lugar en el mundo.  Dijo su histórico colega, Marcelo Ojeda, al entregarle un galardón (foto de premiación): “Matilde, desde chica, se puso a la par nuestro en las playas.  Es la primera mujer guardaviadas del mar argentino, y la abanderada de muchas mujeres que hoy siguen sus pasos”.

06-04 MAtilde Ontiveros, ex bañera de Villa Gesell. Foto: Andres D'Elia

Y así es Matilde.  Ella dice que la vida la fue llevando.  No se detiene a analizar sobre energías, ni le interesa pensar en sincronicidad, ni en causalidades, ni en registrar su fortaleza innata.  Y a quién le importa!!!.  Ella es así.  Y  así marcó sus huellas.  Y así enfrentó el momento más doloroso cuando, en un accidente, perdió a uno de sus hijos. Claro, ese fue el momento en el que la Negra dejó de serlo, enfermó de vitiligo; y ella ni lo imagina -pero yo estoy segura- le fue necesario “crearse una nueva piel”, para poder recomenzar.

Los años siguieron su curso.  La vida la devolvió a Buenos Aires.  Pero me encanta imaginarla, como en una novela, rescatando gente de entre las olas y viviendo allí mismo, en el balnerario que fundó.  “No era fácil el invierno en la playa.  -dice-  Una, porque habia que rebuscárselas para subsistir, y además porque había que estar ahi en la playa con ese descampado de aquellos años y el viento!!!.  Pero a mí me gustaba, era la vida que elegí.  Yo tenía una salamandra enooorme que prendía todo el invierno, y calentaba hasta el mínimo rincón.  Miedo? Nooo, miedo no tenía.  Siempre conmigo estaba mi perra, que era super-guardiana; y yo, yo siempre viví segura, tranquila, felíz”.

Y así es Matilde.  No le es complicado contar su recorrido dentro y fuera del agua; recordar su vida, incluso en los momentos dolorosos, le sale fácil.  No hay lamento, ni angustia, menos, aún, rencor; sólo la naturalidad de quién sabe que vivir a veces duele.  Y entonces así, como en los reglamentos deportivos, adaptarse a las normas, y ser determinante…… fuerte…… y seguir……siempre seguir…..brazada a brazada.

Gratificante experiencia entrevistar a esta dama.  Gracias Matilde Ontiveros por compartirnos su historia.

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MATILDE Y EL MAR

Matilde fue guardavidas hasta principios de los ’90, en un balneario que fundó en las playas del norte gesellino.

Divertida, nos cuenta momentos y anécdotas de aquellos años. 

  • “Yo tenía mi propio estilo.  Siempre estaba abajo, a mí me gustaba estar cerca del agua.   Todo el tiempo tenía el ojo alerta.  Miraba y decía: tuc,  aquél va a tener problemas; entonces ya me iba arrimando, era esperar a que levantara la mano, y yo ya tenía el agua en las rodillas, asi que era pasar por  debajo de la ola y  ya estaba llegando”.
  • “Pienso que las mujeres podemos ser más eficientes en este tipo de trabajo, porque pienso que a los hombres se le van los ojos detrás de una bikini; en cambio nosotras, las guardavidas, somos más zorras o directamente estamos más atentas al mar”.
  • “Tuve un salvataje muy muy  bravo mi primer verano como guardavidas.  Y yo no sabía cómo dimensionar cuál era más o menos peligroso.  Se hizo peligroso por los comedidos que querían ayudar y después no podían salir y se abatataban; y así que en vez de sacar a una pareja, que era la primera que había pedido auxilio, después eran como veinte; decir que vinieron de balnearios de al lado a colaborar”.
  • “La experiencia más brava de todas fue esa.  Yo me dije: si sobreviví a esta, sobrevivo a cualquiera”.
  • “La verdad, miedo, miedo, nunca tuve; porque tengo grado máximo de flotabilidad.  Soy como un corcho.  Me puedo quedar dormida haciendo la plancha, no tengo que mover ningún músculo para mantenerme”.
  • “Una vez me tocó salvar a una madre y una hija.  Siempre estábamos combinados, para ayudarnos, los guardavidas de los balnearios cercanos.  Pero en esa ocasión  -yo no sabía- estaban tomando mate, lejos.  Yo toco el silbato y me tiro, sin salvavidas, ni nada, para ayudarlas.  De repente cuando las tengo a las dos mas o menos agarradas me doy vuelta y no venia nadie, nadie!!!!!!  Así que me las tuve que arreglar sola -la hija un poco se defendía-.  Las calmé y las fui sacando; eran dos papelitos, no me pesaban; en cambio los tipos peeeesan!!!!”.
  • “Esa vez saqué a las dos juntas, y las saqué  como si nada.  En cambio una vez me tocó sacar, sola, a un tipo, sin salvavidas, sin nada!!!! ayyyyy mi madre!!!!! pesaba como un edificio!!!!!; encima era un tano de esos muuuyyyy nerviosos!!!!. Al final lo saqué, pero me costó”.
  • “Gracias a Dios nunca se me quedó nadie, ni saqué a nadie tan mal como para tener que reanimarlo. 
  • “La anécdota que más pinta mi rol por aquellos años fue una en la que: un tipo grandote, que estaba ahi nomás de la costa, cerca, levantó la mano.  Yo llevaba el pelo atado.  Cuando me acerqué a socorrerlo y vió que era mujer, me dijo: no, no, yo sólo estaba saludando.  Lo miré a los ojos, hice el ademán de irme, y entonces me pidió que lo esperara, que sentía que el agua lo estaba arrastrando.  Le dije que se apoyara en mi hombro y se soltara cuando estuviera en condiciones de hacerlo.  Creo que lo hicimos bien……. me parece que nadie se avivó”.

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